¿Qué busca Rosalía?


Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco, pero es algo
que perdí no sé cuándo y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño!
*            *            *
En los ecos del órgano o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo y en todo te buscaba,
sin encontrarte nunca.
Quizá después te ha hallado, te ha hallado y te ha perdido
otra vez, de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscándote y te adivina en todo,
sin encontrarte nunca.
Pero sabe que existes y no eres vano sueño,
hermosura sin nombre, pero perfecta y única:
por eso vive triste, porque te busca siempre,
sin encontrarte nunca.
 
Rosalía de Castro
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2 Respuestas a “¿Qué busca Rosalía?

  1.  
    A ORILLAS DEL SAR
     
     
     
    A través del follaje perenneque oír deja rumores extraños,y entre un mar de ondulante verdura,amorosa mansión de los pájaros,desde mis ventanas veoel templo que quise tanto.El templo que tanto quise…,pues no sé decir ya si le quiero,que en el rudo vaivén que sin treguase agitan mis pensamientos,dudo si el rencor adustovive unido al amor en mi pecho.¡Otra vez!, tras la lucha que rindey la incertidumbre amargadel viajero que errante no sabedónde dormirá mañana,en sus lares primitivoshalla un breve descanso mi alma.Algo tiene este blando reposode sombrío y de halagüeño,cual lo tiene, en la noche callada,de un ser amado el recuerdo,que de negras traiciones y dichasinmensas, nos habla a un tiempo.Ya no lloro…, y no obstante, agobiadoy afligido mi espíritu, apenasde su cárcel estrecha y sombríaosa dejar las tinieblaspara bañarse en las ondasde luz que el espacio llenan.Cual si en suelo extranjero me hallase,tímida y hosca, contemplodesde lejos los bosques y alturasy los floridos senderosdonde en cada rincón me aguardabala esperanza sonriendo.Oigo el toque sonoro que entoncesa mi lecho a llamarme veníacon sus ecos que el alba anunciaban,mientras, cual dulce caricia,un rayo de sol doradoalumbraba mi estancia tranquila.Puro el aire, la luz sonrosada,¡qué despertar tan dichoso!Yo veía entre nubes de incienso,visiones con alas de oroque llevaban la venda celestede la fe sobre sus ojos…Ese sol es el mismo, mas ellasno acuden a mi conjuro;y a través del espacio y las nubes,y del agua en los limbos confusos,y del aire en la azul transparencia,¡ay!, ya en vano las llamo y las busco.Blanca y desierta la víaentre los frondosos setosy los bosques y arroyos que bordansus orillas, con grato misterioatraerme parece y brindarmea que siga su línea sin término.Bajemos, pues, que el caminoantiguo nos saldrá al paso,aunque triste, escabroso y desierto,y cual nosotros cambiado,lleno aún de las blancas fantasmasque en otro tiempo adoramos.Tras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota,caigo en la senda amiga, donde una fuente brotasiempre serena y pura,y con mirada incierta, busco por la llanurano sé qué sombra vana o que esperanza muerta,no sé qué flor tardía de virginal frescuraque no crece en la vía arenosa y desierta.De la oscura Trabanca tras la espesa arboleda,gallardamente arranca al pie de la veredaLa Torre y sus contornos cubiertos de follaje,prestando a la mirada descanso en su ramajecuando de la ancha vega por vivo sol bañadaque las pupilas ciega,atraviesa el espacio, gozosa y deslumbrada.Como un eco perdido, como un amigo acentoque sueña cariñoso,el familiar chirrido del carro perezosocorre en alas del viento y llega hasta mi oídocual en aquellos días hermosos y brillantesen que las ansias mías eran quejas amantes,eran dorados sueños y santas alegrías.Ruge la Presa lejos…, y, de las aves nido,Fondón cerca descansa;la cándida abubilla bebe en el agua mansadonde un tiempo he creído de la esperanza hermosabeber el néctar sano, y hoy bebiera anhelosalas aguas del olvido, que es de la muerte hermano;donde de los vencejos que vuelan en la altura,la sombra se refleja;y en cuya linfa pura, blanca, el nenúfar brillapor entre la verdura de la frondosa orilla.¡Cuán hermosa es tu vega, oh Padrón, oh Iria Flavia!Mas el calor, la vida juvenil y la saviaque extraje de tu seno,como el sediento niño el dulce jugo extraedel pecho blanco y lleno,de mi existencia oscura en el torrente amargopasaron, cual barrida por la inconstancia ciega,una visión de armiño, una ilusión querida,un suspiro de amor.De tus suaves rumores la acorde consonancia,ya para el alma yerta tornóse bronca y duraa impulsos del dolor;secáronse tus flores de virginal fragancia;perdió su azul tu cielo, el campo su frescura,el alba su candor.La nieve de los años, de la tristeza el hieloconstante, al alma niegan toda ilusión amada,todo dulce consuelo.Sólo los desengaños preñados de temores,y de la duda el frío,avivan los dolores que siente el pecho mío,y ahondando mi herida,me destierran del cielo, donde las fuentes brotaneternas de la vida.¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!Viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella,del Sar cabe la orillaal acabarme, siento la sed devoradoray jamás apagada que ahoga el sentimiento,y el hambre de justicia, que abate y que anonadacuando nuestros clamores los arrebata el vientode tempestad airada…
     
    Rosalía de Castro

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