La casa de las bellas durmientes


Era una trivialidad, pero la muchacha, cuyo pecho se había manchado de sangre, le había enseñado que los labios de un hombre podían hacer sangrar casi cualquier parte del cuerpo de una mujer.
Y aunque posteriormente Eguchi evitó llegar hasta este extremo, el recuerdo, el don de una mujer para comunicar fuerza a toda la vida de un hombre, seguía vivo en él, a pesar de sus sesenta y siete años.
Una cosa todavía más trivial…
 
Yasunari Kawabata: La casa de las bellas durmientes.
 
(Un autor japonés, inverosímilmente ligado por tres experiencias a mi vida.)
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Una respuesta a “La casa de las bellas durmientes

  1. No había nada de trivial en aquel don que le habían comunicado a Eguchi … era el regalo más maravilloso que pudiera haber recibido en su vida.
     
    Pedro

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