Guía de lectura de Ciudad de cristal de Paul Auster. Textos complementarios I


 

TEXTOS COMPLEMENTARIOS

A CIUDAD DE CRISTAL

DE PAUL AUSTER

No sé qué es lo que quiere decir con eso de la «gloria» observó Alicia.

Humpty Dumpty sonrió despectivamente.

Pues claro que no…, y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quiere decir que «ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada».

Pero «gloria» no significa «un argumento que deja bien aplastado» objetó Alicia.

Cuando yo uso una palabra insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.

La cuestión insistió Alicia es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

La cuestión zanjó Humpty Dumpty es saber quién es el que manda…, eso es todo.

Alicia se quedó demasiado desconcertada con todo esto para decir nada; de forma que tras un minuto Humpty Dumpty empezó a hablar de nuevo:

Algunas palabras tienen su genio… particularmente los verbos, son los más creídos, con los adjetivos se puede hacer lo que se quiera, pero no con los verbos, sin embargo, ¡yo me las arreglo para tenerselas tiesas a todos ellos! ¡Impenetrabilidad! Eso es lo que yo siempre digo.

¿Querría decirme, por favor rogó Alicia─, qué es lo que quiere decir eso?

Ahora sí que estás hablando como una niña sensata aprobó Humpty Dumpty, muy orondo.Por «impenetrabilidad» quiero decir que ya basta de hablar de este tema y que más te valdría que me dijeras de una vez qué es lo que vas a hacer ahora pues supongo que no vas a estar ahí parada para el resto de tu vida.

¡Pues no es poco significado para una sola palabra! comentó pensativamente Alicia.

—Cuando hago que una palabra trabaje tanto como esa explicó Humpty Dumpty —siempre le doy una paga extraordinaria.

—¡Oh! —Dijo Alicia. Estaba demasiado desconcertada con todo esto como para hacer otro comentario.

—¡Ah, deberías de verlas cuando vienen a mi alrededor los sábados por la noche! —continuó Humpty Dumpty.— A por su paga, ya sabes…

(Alicia no se atrevió a preguntarle con qué las pagaba, de forma que menos podría decíroslo yo a vosotros.)

Lewis Carroll: Alicia a través del espejo (cap. VI)

Un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierten otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.

Julio Cortázar: El diario a diario.

Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.

Jorge Luis Borges: epílogo a El hacedor.


1  No tenía entonces la tierra mas que un solo lenguaje, y unos mismos vocablos.


2  Mas partiéndose de Oriente estos pueblos, hallaron una vega en tierra de Sennaar, donde hicieron asiento.


3  Y se dijeron unos a otros: Venid, hagamos ladrillos, y cozámoslos al fuego. Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de betún en vez de argamasa;


4  y dijeron: Vamos a edificar una ciudad, y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo; y hagamos célebre nuestro nombre, antes de esparcirnos por la faz de la tierra.


5 Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos de Adán;


6  y dijo: He aquí el pueblo es uno solo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica; ni desistirán de sus ideas, hasta llevarlas al cabo.


7  Ea, pues, descendamos y confundamos allí mismo su lengua, de manera que el uno no entienda la habla del otro.


8  Y de esta suerte los espació el Señor desde aquel lugar por todas las tierras, y cesaron de edificar la ciudad.


9  De donde se le dio a esta el nombre de Babel, o Confusión; porque allí fue confundido el lenguaje de toda la tierra; y desde allí los esparció el Señor por todas las regiones.

Génesis, capítulo XI. La Torre de Babel.

Adán, Eva y el árbol de la Ciencia

Satanás se encarga de ir él solo a descubrir el nuevo mundo; Dios lo ve y se lo enseña a su Hijo, al que le explica que el hombre va a ser culpable, por lo cual el Hijo se presenta voluntario para expiar con su muerte el pecado del hombre. Satanás explora el nuevo mundo, que es descrito al lector, y averigua dónde está la morada del hombre, la nueva creación divina. Allí contempla, admirado, la perfección de su forma, y averigua la prohibición que pesa sobre Adán y Eva, primeros seres humanos, de comer el fruto del árbol de la Ciencia:

Adán, el primero de los hombres, al dirigir estas frases a Eva, la primera de las mujeres, hizo que Satanás aguzara los oídos para escuchar las palabras de aquella nueva lengua: –¡Oh, mi dulce compañera, única con quien comparto todos estos placeres, y a quien amo más que a ellos! Preciso es que el poder que nos ha hecho, y que ha hecho para nosotros este vasto mundo, sea infinitamente bueno, tan generoso como bueno, y asimismo tan liberal en su bondad como infinito. Él nos ha sacado del polvo y nos ha colocado aquí, en medio de toda esta felicidad, cuando por nuestra parte no hemos merecido nada de su mano, ni podemos hacer nada de que pueda Él tener necesidad: no exige de nosotros otra cosa que un solo deber, una fácil obligación: que de todos cuantos árboles producen en el paraíso frutos variados y deliciosos, nos abstengamos únicamente de tocar el árbol de la Ciencia, plantado cerca del árbol de la Vida: ¡tan cerca de la vida crece la muerte! ¿Y qué es la muerte? Alguna cosa terrible, sin duda; porque, como tú no ignoras, Dios ha dicho que tocar el árbol de la Ciencia es lo mismo que morir. Esta es la única prueba de obediencia que nos ha impuesto entre tantas facultades de poder y de soberanía como nos ha conferido

Adán y Eva desobedecen a Dios

Dios, atento a lo que sucede en el paraíso, envía al arcángel Rafael para exhortar a Adán y Eva a la obediencia y prevenirles de la trama de Satanás; además, cuenta con detalle la historia del ángel caído. Satanás ha regresado al paraíso en forma de serpiente, y cuando encuentra a Eva sola, le explica que tiene el don de hablar gracias al fruto de un árbol. Conduce a ese árbol a Eva, que reconoce el árbol de la Ciencia; con argucias y mentiras fomenta dudas en Eva:

–En resumen, ¿qué es lo que nos prohíbe conocer? ¿Nos prohíbe el bien, nos prohíbe ser sabios?… Semejantes prohibiciones no deben ligarnos… Pero si la muerte nos rodea con las últimas cadenas, ¿de qué nos servirá nuestra libertad interior? El día en que lleguemos a comer de ese hermoso fruto moriremos; tal es nuestra sentencia… ¿Ha muerto, por ventura, la serpiente? Ha comido, y vive, y conoce, y habla, y raciocina, y discierne, cuando hasta aquí era irracional. ¿No habrá sido inventada la muerte más que para nosotros solos? ¿O será que ese alimento intelectual que se nos niega esté reservado solamente a las bestias? Pero el único animal que ha sido el primero en probarlo en lugar de mostrarse avaro de él, comunica con gozo el bien que le ha cabido, cual consejero no sospechoso, amigo del hombre e incapaz de toda decepción y de todo artificio. ¿Qué es, pues, lo que temo? ¿Acaso sé lo que debo hacer en la ignorancia en que me encuentro del bien y del mal, de Dios o de la muerte, de la ley o del castigo? Aquí crece el remedio de todo; ese fruto divino, de aspecto agradable, que halaga el apetito, y cuya virtud comunica la sabiduría. ¿Quién me impide que lo coja y alimente a la vez el cuerpo y el alma? Diciendo esto, su mano temeraria se extiende en hora infausta hacia el fruto: ¡lo arranca y lo come! La Tierra se sintió herida; la naturaleza, conmovida hasta sus cimientos, gime a través de todas sus obras y anuncia por medio de señales de desgracia que todo estaba perdido. La culpable serpiente se oculta en una maleza, y bien pudo hacerlo; porque Eva, embebecida completamente en la fruta, no miraba otra cosa. Le parecía que hasta entonces no había probado nada tan delicioso; ya porque su sabor fuera realmente así, o porque se lo imaginara en su halagüeña esperanza de una ciencia sublime; su divinidad no se apartaba de su pensamiento. Ávidamente y sin reserva devoraba la fruta ignorando que tragaba la muerte. Satisfecha al fin, exaltada, cual si lo fuera por el vino, alegre y juguetona, plenamente satisfecha de sí misma, habló de esta suerte: –¡Oh, rey de todos los árboles del paraíso, árbol virtuoso, precioso, cuya bendita operación es la sabiduría!

Expulsión del paraíso

.

Tras probar la fruta, se la lleva a Adán para que él también pruebe. Adán, pese a reprochar a Eva su desobediencia, come de la fruta, porque su amor por Eva hace que quiera compartir su suerte. Al conocer Dios la caída en el pecado de desobediencia de sus criaturas, envía al arcángel Miguel para que les comunique su expulsión del paraíso y que Dios acepta las súplicas que ha hecho Adán de posponer su muerte. Antes de la expulsión definitiva, Miguel explica a la pareja el futuro y destino de la humanidad, dominado por el esfuerzo y el sufrimiento a causa de su pecado original, y les muestra el mundo que van a habitar ellos y sus descendientes:

Del costado de Miguel pendía, como un resplandeciente zodiaco, la espada, terror de Satanás, y en su mano llevaba una lanza. Adán le hizo una profunda reverencia; Miguel, en su regio continente, no se inclinó, sino que explicó desde luego su venida, de esta manera: –Adán, ante la orden suprema de los cielos, es superfluo todo preámbulo; bástete saber que han sido escuchados tus ruegos y que la muerte que debías sufrir, según la sentencia, en el momento mismo de tu falta, se verá privada de apoderarse de ti durante los muchos días que se te conceden para que puedas arrepentirte y resarcir por medio de buenas obras un acto culpable. Entonces será posible que, aplacado tu Señor, te redima completamente de las avaras reclamaciones de la muerte. Pero no permite que habites por más tiempo este paraíso; he venido para hacerte salir de él y enviarte fuera de este jardín a labrar la tierra de la que fuiste sacado y el suelo que más te conviene

John Milton: El paraíso perdido.

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