SIETE CASAS EN FRANCIA BERNARDO ATXAGA



Chrysostome Liège firmó el contrato para servir en la Force Publique del rey Leopoldo a principios de 1903, y llegó a su destino en el Congo en agosto del mismo año 
tras haber viajado en paquebote de Amberes a Matadi, después en tren hasta Léopoldville, y luego por fin en un pequeño vapor, el Princesse Clémentine,
hasta la estación militar de Yangambi. No era exactamente el último lugar del mundo, porque, como se decía en la Force Publique, tal honor correspondía a Kisangani, 
situado a unos doscientos kilómetros río arriba; pero estaba ciertamente lejos de cualquier lugar conocido.
El Princesse Clémentine atracó en una plataforma de madera que había en la playa del río y que servía de embarcadero. Un oficial acudió a su encuentro
caminando pausadamente. Era un joven de cerca de dos metros que casi le sacaba la cabeza.
—¿Chrysostome Liège? —preguntó.
El recién llegado respondió con parquedad.
—Sí —dijo.
—Yo soy Donatien, el asistente del capitán Lalande Biran —dijo el oficial—. ¿No traes nada más? —preguntó a continuación en tono más relajado, y
señalando el saco de lona medio vacío que Chrysostome agarraba en la mano.


Con el telón de fondo de los penúltimos estertores del colonialismo africano, 1903, en el pequeño universo claustrofóbico de Yangambi, una estación militar de la posesión congoleña del distante y mujeriego rey Leopoldo II de Bélgica, Atxaga esboza las historias de unos cuantos personajes inolvidables que sobreviven al desgastado y agotador embrujo de la selva soñando con retirarse y volver a París, la brillante capital de la vieja Europa. El tráfico de colmillos de elefante y troncos de caoba permite al capitán Lalande Biran y a su mano derecha, el brutal y esquizofrénico Van Thiegel, alias Cocó, reunir la cantidad suficiente para cumplir su sueño y especialmente el sueño de la bella mujer del capitán, Christine Saliat de Meilhan: poseer las siete casas en Francia que dan título a la novela. La llegada de un nuevo soldado al regimiento, el misterioso, el devoto y excelente tirador Chrysostome Liège, con su camisa siempre desabotonada para mostrar la cinta azul con la medalla de la virgen que le diera el párroco de su villa natal, rompe la monotonía en la guarnición de la Force Publique y de forma involuntaria e imprevista precipitará los acontecimientos hacia el trágico, aunque lógico, final: la octava casa. 

No obstante el melancólico final de la trama y un par o tres de episodios vitales en el desarrollo del conflicto (el concurso de tiro, la llegada de la escultura de la Virgen), ésta es una novela de personajes, magistralmente trazados: el gigantón Donatien, asistente del capitán Lalande Biran; Livo, el nativo que ve el oimbé, el halo, y que ejercerá de vengador; la blanquinegra Bamu, que enamorará a Chrysostome y tendrá un papel decisivo en el desenlace; el más veterano del destacamento, Richardson; el periodista Lasalle, que llega con la comitiva de la Virgen; Armand Saint-Foix, alias Toisonet, socio y corresponsal en Europa de Lalande Biran, y también poeta (ambos figuran en varias antologías de poesía belga). La escena final de la llegada de un viejo león sordo para morir en África es el simbólico colofón de la historia con un colorido entre el aduanero Rousseau y Gauguin y con un poderoso aroma a Baudelaire.
Si la intención inicial del autor de la magistral Obabakoak es satírica, el humor comprensivo con todas las debilidades y zonas oscuras, la humanidad y profundidad de todos los personajes van ganando al lector paso a paso, y con un estilo sencillo y directo, más lírico que cronístico, hacia el retrato psicológico y el sentido elegíaco y alegórico (el fin del colonialismo es el fin del sueño de África y el de todos los sueños) al contemplar cómo se desvanecen sus esperanzas y cómo la vida los derrota inevitablemente produce la sensación de estar ante una gran obra, a medio camino entre el universo de oscuras aventuras coloniales y el pesimismo metafísico de Joseph Conrad y el realismo mágico o las historias de amor de García Márquez. Un ampliación en el horizonte de expectativas de la narrativa de Atxaga altamente recomendable.
 
    

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2 Respuestas a “SIETE CASAS EN FRANCIA BERNARDO ATXAGA

  1. Quiero leer este libro! Creo que lo he regalado dos veces… a ver si me lo dejais I love Atxaga! Besos

  2. A mí, la verdad es que no me convenció nada esta novela. Lástima, porque contaba con material para convertirse en una gran obra!

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