PAUL AUSTER: VIAJES POR EL SCRIPTORIUM


Al modo pirandelliano o unamuniano (Niebla y otras nivolas), los personajes de Viajes por el Scriptorium se vengan del autor, pasan cuentas (y cuentos) a su particular dios el autor, en este caso un viejo con ola memoria en blanco (Mr Blank) que debe recuperarla a partir de los fantasmas de sus propias criaturas literarias que le re-visitan en ese cuarto cerrado que es la mente, o página en blanco, de Paul Auster. Esta autocrítica, también autohomenaje, que podría servir de colofón a la obra de Auster, marca su madurez literaria y la reflexión en un espejo abismal que no tiene fin, como  los castigos mitológicos de Tántalo o Sísifo. Auster utiliza esta vez el tono neutro del informe (Kafka se vislumbra en la trastienda) en un perpetuo e inquietante presente de cámara fotográfica para crear un relato doble de tono menory, no obstante, otra obra maestra que añade una nueva historia al universo auster: el manuscrito incompleto que el protagonista halla encima del escriptorium y que en un reto literario debe completar: el relato borgiano (sin duda) del misterioso levantamiento fronterizo en los territorios distantes y la paralela investigación de Graf. En ambas historias, de nuevo la lucidez conduce a la autodestrucción y el lector-amigo de Paul Auster, aunque prevé el final, agradece la coherencia y la honestidad. ¡Fuera luces!

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