CENTENARIO DE PETER PAN


James Matthew Barrie readaptó la comedia Peter Pan (estrenada en 1904), sobre un personaje que ya había aparecido en un relato anterior y que estaba inspirado en Peter Llewelyn Davies, el mediano de tres hermanos de una familia amiga con los que Barrie jugaba y para los que a menudo representaba pequeñas piezas  teatral. Más tarde reelaboró todo el universo imaginario de Peter Pan y de Nunca jamás en Peter Pan y Wendy (1911), divulgado y adaptado frecuentemente como cuento, obra teatral o película destinadas mayoritariamente al público infantil (todos recordamos la versión en dibujos animados de Disney de 1953, aunque existen muchas otras: http://es.wikipedia.org/wiki/Peter_Pan).

Con motivo del centenario estoy leyendo, contagiado por el célebre síndrome de Peter Pan, la novela de Barrie y descubriendo ricos matices, poéticos y sombríos, que suelen pasar desapercibidos en las versiones o adaptaciones, “haciendo descubrimientos dulces y otros que no lo son”, como ocurre de igual forma con la Alicia de Lewis Carroll. Además estoy disfrutando de las ilustraciones de Mabel Lucie Attwell (1879-1964), de una estética más british, naif y feérica-modernista.

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COSTUMBRES DE LAS BUENAS MADRES: ESCUDRIÑAR IMAGINACIONES

La primera vez que la señora Gentil supo de Peter Pan fue en ocasión de estar ordenando la imaginación de sus pequeños. Es una excelente costumbre que las buenas madres cumplen todas las noches, así que los niños se han dormido, la de escudriñar sus imaginaciones y poner las cosas en orden para la mañana siguiente, colocando en los sitios adecuados la infinidad de materias diversas que por ellas han vagado durante el día.

Si vosotros, niños, pudierais permanecer despiertos (claro está que no podéis) veríais a vuestra madre hacer esto y encontrarías muy interesante la observación. Es una cosa así como el arreglo de los cajones de una cómoda o armario. La veríais de rodillas, riéndose de algunos de los objetos contenidos en vuestras cabecitas, cavilando cómo diantre los habríais recogido, haciendo descubrimientos dulces y otros que no lo son, apretando una cosa a su mejilla como si le pareciera tan linda como un lindo gatito, y ocultando otra apresuradamente lejos de su mirada. Cuando despertáis por las mañanas, las pasiones y maldades con que os fuisteis al lecho han sido dobladas en pliegues pequeñísimos y colocadas  en el fondo de vuestra mente, y en la superficie, en cambio, están extendidos vuestros más lindos pensamientos, prontos para que los uséis.

Yo no sé si habréis visto nunca el mapa de la mente de una persona. Los médicos a veces dibujan mapas de otras partes de vuestro ser, lo que puede resultar algo interesante, pero les desafiaría a que tratasen de dibujar la imaginación de un niño, que no sólo es confusa, sino que no deja un momento de dar vueltas.


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