PETER PAN 5: FINAL (MIENTRAS LOS NIÑOS SEAN ALEGRES, INOCENTES E INSENSIBLES)


La llamaron Jane y siempre tuvo una extraña mirada interrogante, como si desde el momento en que llegó al mundo quisiera hacer preguntas. Cuando tuvo edad suficiente para hacerlas eran en su mayoría sobre Peter Pan. Le encantaba oír cosas de Peter y Wendy le contaba todo lo que recordaba en el mismo cuarto de los niños donde se inició el famoso vuelo. Ahora era el cuarto de Jane, pues su padre se lo había comprado al tres por ciento de interés al padre de Wendy, al que ya no le gustaba subir escaleras. La señora Darling estaba ya muerta y olvidada.

Ahora sólo había dos camas en el cuarto, la de Jane y la de su niñera y no había perrera, pues Nana también había fallecido. Murió de vejez y hacia el final había tenido un trato bastante difícil, pues estaba firmemente convencida de que nadie sabía cómo cuidar a los niños excepto ella.

Una vez a la semana la niñera de Jane tenía la tarde libre y entonces le tocaba a Wendy acostar a Jane. Ése era el momento de contar cuentos. Jane se había inventado un juego que consistía en levantar la sábana por encima de su cabeza y la de su madre, formando así una especie de tienda y susurrar en la sobrecogedora oscuridad:

-¿Qué vemos ahora?

-Me parece que esta noche no veo nada -dice Wendy, con la sensación de que si Nana estuviera aquí se opondría a que la conversación continuara.

-Sí, sí que lo ves -dice Jane-, ves cuando eras una niña.

-De eso hace ya mucho, mi vida -dice Wendy-. ¡Ay, cómo vuela el tiempo!

-¿Vuela -pregunta la astuta niña-, como tú volabas cuando eras pequeña?

-¡Como yo volaba! ¿Sabes, Jane? A veces me pregunto si realmente volaba.

-Sí, sí que volabas.

-¡Qué días aquellos cuando podía volar! -¿Por qué ya no puedes volar, mamá?

-Porque he crecido, mi amor. Cuando la gente crece se olvida de cómo se hace.

-¿Por qué se olvidan de cómo se hace?

-Porque ya no son alegres ni inocentes ni insensibles. Sólo los que son alegres, inocentes e insensibles pueden volar. -¿Qué es ser alegre, inocente e insensible? Ojalá yo fuera alegre, inocente e insensible.

O quizás Wendy admita que sí ve algo. -Creo -dice- que es este cuarto. -Creo que sí -dice Jane-. Sigue.

Están ya metidas en la gran aventura de la noche en que Peter entró volando en busca de su sombra.

-El muy tonto -dice Wendy-, intentó pegársela con jabón y al no poder se echó a llorar y eso me despertó y yo se la cosí.

-Te has saltado una parte -interrumpe Jane, que se sabe ya la historia mejor que su madre-. Cuando lo viste sentado en el suelo llorando, ¿qué le dijiste?

-Me senté en la cama y dije: «Niño, ¿por qué lloras?» -Sí, eso era -dice Jane, con un gran suspiro.

-Y luego nos llevó a todos volando al País de Nunca Jamás con las hadas, los piratas, los pieles rojas y la laguna de las sirenas, la casa subterránea y la casita.

-¡Sí! ¿Qué era lo que más te gustaba?

-Creo que lo que más me gustaba era la casa subterránea.

-Sí, a mí también. ¿Qué fue lo último que te dijo Peter? -Lo último que me dijo fue: «Espérame siempre y una noche me oirás graznar.»

-Sí.

-Pero, fijate qué pena, se olvidó de mí -dijo Wendy sonriendo. Así de adulta era.

-¿Cómo era su graznido? -preguntó Jane una noche.

-Era así -dijo Wendy, tratando de imitar el graznido de Peter.

-No, así no -dijo Jane toda seria-, era así.

Y lo hizo mucho mejor que su madre.

Wendy se quedó un poco sobrecogida.

-Mi amor, ¿cómo lo sabes?

-Lo oigo a menudo cuando estoy durmiendo -dijo Jane.

-Ah, sí, muchas niñas lo oyen cuando duermen, pero yo fui la única que lo oyó despierta.

-Qué suerte -dijo Jane.

Y entonces una noche se produjo la tragedia. Era primavera y ya se había acabado el cuento por esa noche y Jane estaba ya dormida en su cama. Wendy estaba sentada en el suelo, muy cerca del fuego, para poder ver mientras zurcía, pues no había ninguna otra luz en el cuarto, y mientras zurcía oyó un graznido. Entonces la ventana se abrió de un soplo como en otros tiempos y Peter se posó en el suelo.

Estaba exactamente igual que siempre y Wendy vio al momento que todavía conservaba todos sus dientes de leche. Él era un niño y ella era una persona mayor. Se acurrucó junto al fuego sin atreverse a hacer ningún movimiento, impotente y culpable, una mujer adulta.

-Hola, Wendy-dijo él, sin notar ninguna diferencia, pues estaba pensando sobre todo en sí mismo y a la escasa luz su vestido blanco podría haber sido el camisón con que la había visto por primera vez.

-Hola, Peter -replicó ella débilmente, encogiéndose todo lo posible. Algo en su interior clamaba: «Mujer, mujer, suéltame.»

-Eh, ¿dónde está John? -preguntó él, echando en falta de repente la tercera cama.

-John ya no está aquí -dijo ella con voz entrecortada. -¿Michael está dormido? -preguntó él, echando un vistazo por encima de Jane.

-Sí -respondió ella y entonces sintió que estaba siendo desleal a Jane además de a Peter.

-Ése no es Michael -dijo rápidamente, no fuera a ser castigada.

Peter miró con más atención.

-Eh, ¿es alguien nuevo?

-Sí.

-¿Chico o chica?

-Chica.

Ahora tendría que entenderlo, pero nada.

-Peter -dijo, vacilando-, ¿estás esperando que me vaya volando contigo?

-Claro, por eso he venido.

Añadió con cierta severidad:

-¿Has olvidado que hay que hacer la limpieza de primavera?

Ella sabía que era inútil decirle que se había saltado muchas limpiezas de primavera.

-No puedo ir -dijo en tono de excusa-.

Se me ha olvidado cómo volar.

-No tardo nada en volver a enseñarte.

-Oh, Peter, no malgastes el polvillo de las hadas en mí. Se había levantado y por fin lo asaltó un temor. -¿Qué pasa? -exclamó, encogiéndose.

-Voy a encender la luz -dijo ella-, y entonces lo verás.

Casi por única vez en su vida, que yo sepa, Peter se sintió asustado.

-No enciendas la luz -gritó.

Ella revolvió con las manos el pelo de aquel niño trágico. Ya no era una niña desolada por él: era una mujer adulta que sonreía por todo ello, pero con una sonrisa llorosa.

Luego encendió la luz y Peter lo vio. Soltó un grito de dolor y cuando aquel ser alto y hermoso se inclinó para cogerlo en brazos se apartó rápidamente.

-¿Qué pasa? -volvió a exclamar.

Ella tuvo que decírselo.

-Soy mayor, Peter. Tengo mucho más de veinte años. Crecí hace mucho tiempo.

-¡Prometiste que no lo harías!

-No pude evitarlo. Soy una mujer casada, Peter.

-No, no es cierto.

-Sí y esa niña de la cama es mi hija.

-No, no lo es.

Pero supuso que lo era y se acercó a la niña dormida con el puñal levantado. Naturalmente, no lo clavó. En cambio, se sentó en el suelo y se echó a llorar y Wendy no supo cómo consolarlo, aunque en tiempos podría haberlo hecho con gran facilidad. Ahora no era más que una mujer y salió corriendo de la habitación para tratar de pensar.

Peter siguió llorando y sus sollozos no tardaron en despertar a Jane. Se sentó en la cama y le picó la curiosidad al instante.

-Niño -dijo-, ¿por qué lloras?

Peter se levantó y le hizo una reverencia y ella le hizo una reverencia desde la cama.

-Hola -dijo él.

-Hola -dijo Jane.

-Me llamo Peter Pan -le dijo.

-Sí, ya lo sé.

-He venido a buscar a mi madre -explicó él-, para llevarla al País de Nunca jamás.

-Sí, ya lo sé -dijo Jane-. Te he estado esperando.

Cuando Wendy regresó tímidamente se encontró a Peter sentado en el barrote de la cama graznando a pleno pulmón, mientras Jane volaba en camisón por el cuarto en solemne éxtasis.

-Es mi madre -explicó Peter y Jane descendió y se puso a su lado, con la expresión en la cara que le gustaba que tuvieran las damas cuando lo miraban.

-Le hace tanta falta una madre -dijo Jane.

-Sí, lo sé -admitió Wendy bastante abatida-, nadie lo sabe mejor que yo.

-Adiós -le dijo Peter a Wendy y se alzó por los aires y la desvergonzada Jane se alzó con él: para ella ya era la forma más cómoda de moverse.

Wendy corrió a la ventana.

-No, no -gritó.

-Es sólo para la limpieza de primavera -dijo Jane-. Quiere que le haga la limpieza de primavera para siempre.

-Ojalá pudiera ir con vosotros -suspiró Wendy.

-Pero es que no puedes volar -dijo Jane.

Naturalmente, al final Wendy los dejó partir juntos. Nuestra última mirada nos la muestra en la ventana, contemplándolos mientras se alejan por el cielo hasta hacerse tan pequeños como las estrellas.

A medida que observáis a Wendy podéis ver cómo se le va poniendo el pelo blanco y su figura vuelve a ser pequeñita, pues todo esto pasó hace mucho tiempo. Jane es ahora una persona mayor corriente con una hija llamada Margaret y al llegar la limpieza de primavera, salvo cuando se le olvida, Peter viene a buscar a Margaret y se la lleva al País de Nunca jamás, donde ella le cuenta historias sobre él mismo, que él escucha con avidez. Cuando Margaret crezca tendrá una hija, que a su vez será la madre de Peter y así seguirán las cosas, mientras los niños sean alegres, inocentes e insensibles.

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2 Respuestas a “PETER PAN 5: FINAL (MIENTRAS LOS NIÑOS SEAN ALEGRES, INOCENTES E INSENSIBLES)

  1. De forma sutil peter pan se transforma en un mito personal del paraíso perdido de la infancia: ¿es un niño que no quiere crecer o que no puede o no sabe cómo hacerlo? Quizás ahí esté la clave: no es lo mismo ser un eterno niño como elección o como castigo o destino inevitable, ¿no?

  2. Creo que James Barrie subtituló su primer Peter Pan como “el niño que no podía crecer” (o que no crecía, a secas), y fue un amigo suyo que, gran publicista, le dijo que lo cambiara a “el niño que NO QUERÍA crecer”.

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