Archivo diario: 22 septiembre, 2011

ALDANA Y LA AMARGA DICHA DEL AMOR NO PLATÓNICO

Francisco de Aldana (1537-1578) Nacido en Nápoles, se educó en Florencia en la corte de los Médicis y absorbió toda la esencia del renacimiento italiano. Prototipo de la época, como Garcilaso, Lope y tantos otros, hombre de armas y letras, poeta-soldado, siempre al servicio del duque de Alba, “en fin, en fin, tras tanto andar muriendo”, desapareció en la campaña del norte de África, junto con el rey portugués don Sebastián, en la batalla de Alcazarquivir. Sus versos, de delicada sensibilidad y matizada sensualidad, se publicaron póstumamente.

Soneto XII

“¿Cuál es la causa, mi Damón, que estando
en la lucha de amor juntos trabados
con lenguas, brazos, pies y encadenados
cual vid que entre el jazmín se va enredando

y que el vital aliento ambos tomando
en nuestros labios, de chupar cansados,
en medio a tanto bien somos forzados
llorar y suspirar de cuando en cuando?”

“Amor, mi Filis bella, que allá dentro
nuestras almas juntó, quiere en su fragua
los cuerpos ajuntar también tan fuerte

que no pudiendo, como esponja el agua,
pasar del alma al dulce amado centro,
llora el velo mortal su avara suerte.”

Sonnet #XII

“What is the cause, my Damon, that as
we together in love’s tussle are combined
with tongues and arms and feet, and all enchained
like grapevines that in jasmine get entwined,

and, taking both of us the breath of life
in through our lips, worn out from sips sublime,
amidst such joy we find ourselves compelled
to groan and sigh out loud from time to time?”

“Love, my Phyllis fair, who deep inside
our souls did bind, within his forge aspires
our bodies to conjoin with force as great,

and since it can’t —like water with a sponge—
pass into the beloved soul’s sweet core,
the mortal veil bemoans its shabby fate.”

Llora el cuerpo su amarga dicha (la consumación total) puesto que lo físico no puede alcanzar la tan anhelada unión espiritual. En época renacentista de idealización amorosa (el neoplatonismo), pocos poemas muestran con tanto detallismo descriptivo la “lucha de amor” y la satisfacción (insuficiente, eso sí) del goce sexual (habría que buscar alguna interpretación literal de los poemas místicos de Juan de la Cruz para encontrar sensualidad semejante). El diálogo entre Filis y Damón refleja las dos caras del amor, la carnal y la espiritual, y su delicada convivencia.