HONORÉ DE BALZAC: EUGÉNIE GRANDET


 

Al inicio de la novela, “Fisonomías burguesas”, el narrador, siguiendo las técnicas de la novela realista,  realiza una completa presentación de los personajes, la época y el ambiente en que se mueven. Balzac emplea una minuciosa descripción en gradación descendente (de lo general a lo particular), de Saumur y la casa de los Grandet a la familia protagonista y sus amistades (los Cruchot y los Grassins). En este caso, se centra en un completísimo retrato de Félix Grandet, que incluye un extenso flashback o analepsis (con diversas calas desde 1789 hasta 1819, el día del cumpleaños de Eugenia, que es el punto de partida de la acción) para ponernos en conocimiento de los orígenes de la riqueza y el caràcter del “tío Grandet”, siempre vinculados a las diversas vicisitudes de la historia de Francia (la Revolución, la República, el Consulado, Napoleón y el Imperio…) y con las peculiaridades de la vida de provincias (recordemos que “Eugenia Grandet” formaba parte del primer volumen de las “Escenas de la vida de provincias”) dentro del proyecto de La Comedia Humana.

Grandet es un tonelero/vinatero de escasa cultura e instrucción (“era en 1789 un maestro tonelero bien situado, que sabía leer, escribir y contar”) pero dotado de una gran astucia y un instinto infalible para los negocios que ha aplicado a su único objetivo: prosperar y enriquecerse gradualmente. Balzac lo retrata, con irónica maestría (“El señor Grandet dejó los honores municipales sin ningún pesar. En interés de la ciudad había mandado hacer excelentes caminos que conducían a sus propiedades…”), como un arribista en política, un oportunista amoral, un especulador y un negociante sin escrúpulos, que ha aprovechado (y creado) todas las ocasiones que le ha brindado la vida (incluidas una buena boda y unas inesperadas herencias) para enriquecerse y convertirse en el hombre más destacado de Saumur y uno de los más ricos de toda Francia.

El problema más grave de esta desmesurada ambición económica de Grandet es que va acompañada de un terrible rasgo de carácter absolutamente dominante que en ocasiones se convierte en hiperbólico y caricaturesco, y que también será el desencadenante de gran parte de los conflictos posteriores e influirá poderosamente en el desenlace de la novela. Nos estamos refiriendo a su avaricia. La avaricia, ya convertida en característica definidora del personaje (el narrador se referirà a él a menudo simplemente como “el avaro”), condiciona también su vida familiar. El viejo Grandet en su intimidad está rodeado de tres mujeres (La Señora Grandet, su hija, que da nombre a la novela, y la criada Nanón, su perro fiel) que están sometidas de distintas formas a su tiranía, en un microcosmos enrarecido, asfixiante y monótono que sólo se romperá con la llegada del primo Charles, el dandy de París, trágicamente arruinado y  huérfano, y con el giro de la trama hacia la temática amorosa, que, después de un primer amor romántico, transformará a Eugenia en una Penélope multimillonaria que acabará casándose sin amor y enviudando en un plisplás para dedicarse a la caridad cristiana.

Balzac, mediante las reflexiones autoriales del narrador, intenta trascender la avaricia de Grandet y convertirla en un síntoma de una enfermedad social: el materialismo decimonónico que destroza y aniquila los delicados impulsos espirituales o sueños idealistas. El narrador llegará a afirmar que nuestra civilización estará perdida cuando esta nueva mentalidad capitalista, el culto al nuevo dios Don Dinero, se transmita de la burguesía, ahora clase dominante, al pueblo, y lo inunde todo superando el freno moral de tantos siglos de cristianismo. Así, Grandet, más que un individuo, o un pesonaje tipo (el avaro, como Harpagon de Molière o Mr. Scrooge de Dickens) vendría a representar el triunfo de esta nueva mentalidad que tiene su reflejo en una sociedad con distintos criterios (no sólo económicos, sino también históricos, políticos, morales… y no sólo en la gran capital, sino también en las pequeñas y melancólicas ciudades de provincias). Como escribe Charles en su última carta: “el momento de las ilusiones ya ha pasado”, y corrobora hacia el final de la novela el narrador: “El dinero debía transferir sus tonos fríos a aquella vida celeste, e infundir desconfianza en los sentimientos a una mujer que era todo sentimiento”. Así, pues, todo ello afecta a las emociones y pensamientos más íntimas, a las vidas particulares, a la “intrahistoria” que Balzac trató de mostrar en cada una de las piezas de este ambicioso puzzle que es la Comedia Humana.

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Una respuesta a “HONORÉ DE BALZAC: EUGÉNIE GRANDET

  1. ¡Ese principio es para morirse de la risa!

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