SOBRE LA METAMORFOSIS I: KAFKA IMPECABLE


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SOBRE LA METAMORFOSIS DE FRANZ KAFKA (PRIMERA PARTE)

“Mis escritos trataban de ti; en ellos exponía las quejas que no podía formularte directamente, reclinándome en tu pecho. Era una despedida de ti, intencionadamente dilatada.”

CARTA AL PADRE

De todas las alienaciones que sufrió Franz Kafka (judío de lengua alemana entre cristianos checos, burgués anarquizante entre proletarios socialistas…) es sin duda la alienación familiar la que provoca su inestabilidad emocional y condiciona en mayor medida el carácter de su obra. Escritura y realidad íntimamente unidas: la literatura –refugio y salvación– sustituye a la vida en un esfuerzo por superar la impotencia o extrañamiento del artista: “me sentía a salvo escribiendo, podía respirar” (Carta al padre). Purgación, intento de liberación y de reconciliación.

El inicio de La metamorfosis nos advierte: “No soñaba, no”. Creo, pues, que es un camino válido –uno entre muchos- leerlo como un texto decididamente realista y autobiográfico, con la ayuda de la Carta al padre, una autointerpretación más que una confesión.

En su Diario escribe: “Vivo en el seno de mi familia, en medio de las personas mejores y más amables, sintiéndome más extranjero que un extranjero”. Punto de partida de esa metamorfosis o de una transformación más humilde (como quiere Jordi Llovet), de ir por casa, transformación pasajera para el afectado, trágica metamorfosis para la familia. Ese “monstruoso insecto” llamado Gregor Samsa (otra pista más: Samsa oculta un anagrama de Kafka) pertenece a la galería de los seres repugnantes con los que gustaba compararse el autor (por ejemplo, en las Cartas a Milena: “no soy más que un pobre ratón en un rincón de una casa grande” o “el heroísmo de quedarse a pesar de todo se parece al de las cucarachas que nada consigue expulsar de los cuartos de baño”).

Esta misma transformación se puede seguir en la Carta al padre (CP) y en otros textos autobiográficos, con la misma evolución:

1)      Cambios físicos: “mi propio cuerpo se volvió para mí inseguro; crecía, me volvía larguirucho, pero no sabía qué hacer con mi estatura, la carga era demasiado pesada, la espalda se encorvaba.” (CP)

2)      La reclusión en un espacio: “siempre me he ocultado de i ten mi habitación. (CP)

3)      Pérdida del habla (“Es una voz de animal”): “la imposibilidad de una relación serena tuvo otra consecuencia, por otra parte muy natural: perdí la facultad de hablar.” (CP)

4)      Manifestación de la inquietud (“Y, presa de remordimientos e inquietudes, comenzó a trepar por todas las paredes”): “Mi cuerpo tiene miedo y […] se sube por la pared, trepando lentamente” (Cartas a Milena).

5)      Otros procesos psíquicos: necesidad de estímulo, sensación de culpabilidad y mendicidad, miedo a los demás y pérdida de la confianza en sí mismo (CP) culminan en la convicción “de que tenía que desaparecer”.

6)      Algunos episodios concretos literaturizados: “También me horrorizabas cuando corrías profiriendo gritos alrededor de la mesa, persiguiendo a uno de nosotros […] y parecía como si la madre, finalmente, lo salvase. Y al niño le parecía que, una vez más, había conservado la vida por tu misericordia” (CP). Claramente este episodio biográfico se transforma en La metamorfosis en la persecución y el lanzamiento de manzanas por parte del padre que concluye con este impresionante pasaje: “Y Gregorio, con la vista ya nublada, sintió por último cómo su madre, con las manos cruzadas en la nuca del padre, le suplicaba que perdonase la vida al hijo”.

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